Perro no come perro. Pero perro sí come los restos que deja otro perro. Un animal herido es más fácil de encerrar. Quise preguntar por qué pero para qué, con lo que hacía ya me estaba respondiendo. La realidad estaba ahí, el perro estaba ahí, queriendo dedicarme un día entero para mí sola después de que otro de su manada vaciara la escopeta en su coto privado de caza. Debí parecerles a ambos, supongo, vulnerable y débil. Les vi desplegar sus alas para exhibir sus vistosas y brillantes plumas y mostrar sus colmillos más grandes que los de otros candidatos. Ellos. Vosotros. Me enseñaísteis vuestro poder a través de lo que poseéis, que no siempre es material, a veces es una hipérbole de misteriosas habilidades que nunca nadie conoció y que solo habitan en la mente de quién cree tenerlas. Pero sí. Pasó. Y lo odio. Odio algunas veces, como decía Sylvia Plath, ser mujer. Todo esto me ha hecho reflexionar en los precios a pagar por serlo pero sin haber aprendido a serlo. ¿Me explic...
Subió al autobús sobre las 9:00 de la mañana. Llevaba un pantalón beige y una camisa de cuadros azules. Limpio, digno, cristalino. Supe que había una mujer detrás de todo aquel trabajo. Me dio los buenos días, pasó la tarjeta y se quedó mirando hacia delante. Me pareció raro, la gente no se queda ahí si no es para preguntarte algo, un horario, una parada, un yo conozco a alguien que trabaja aquí. Pero no preguntó nada. Había algo raro en él y en su manera de disociar, porque no estaba allí, estaba lejos, no sé, quizá atravesando un túnel del que esperaba algún día salir. Pero sin salir. - No voy a bajar. No voy a ningún sitio. - Vale. No hay problema. Silencio. Semáforo en rojo. Me dijo: Detrás de la nave de frutas hay una casa. Se ve desde este autobús. Solo quiero pasar por delante y mirarla. No dije nada. La gente a veces dice cosas raras. Cosas que es mejor no entender. Cosas que deben quedarse en el autobús y viajar junto con todas las otras cosas que la gente va ...
Más horas de luz para que el vacío de los días dure tanto como una insoportable tarde de agosto. No es mala la intención pero al final todo termina saliendo. Despecho se llama el vino que acabo de abrir. Son las 21:44 y las golondrinas son las dueñas del cielo, no hay estrellas. Hay luz, eso sí. Mucha luz aún. Y también hay ese vacío que habita en las profundidades de las que nos da miedo casi todo. Miedo a perder, a ganar, a estar, a desaparecer, a que no te quieran y a que te quieran mucho también. Noches de despecho y hastío. Hoy no se duerme, lo presiento. Las cicatrices no se secan al sol, apareces con ellas en cada nuevo duelo al amanecer. Las pistolas cargadas, el vacío y los días infinitos. Que no falten horas para que en los huesos se noten los años que llevas culpándote de todo. Ahí, que duela. Que se sientan las heridas de abandono, de no ser suficiente, la autoestima hecha mierda y los dolores de rodilla. Se pierde paciencia con la vejez. Llevo tiempo dándome cuenta. Cada a...
Comentarios