Todo el mundo te mira. Eres la protagonista. La MADRE. El principio y el fin. El todo. Porque toda la humanidad sale de ti. Te toca luchar siempre más de la cuenta, demostrar más de la cuenta, llorar más de la cuenta, ser la más fuerte y la más débil también, porque el privilegio del término medio no se hizo para ti. Llorar las lágrimas de otros, coser sus rotos y partirte las caderas para que nada cambie. Porque para que la vida de los demás siga en orden tú, madre, tienes que claudicar, romperte en dos o en tres o en los pedazos que hagan falta. Pero el domingo recibiste tu ramo de flores, la metáfora de tu vida más cruel que tendrás que contemplar durante semanas hasta que se mueran. Ahí están, frescas, dulces, inmóviles y bellas como un día lo fuiste tú. Importantes, porque las madres somos importante, no sé para qué, pero lo somos. Mitificadas por unos y lapidadas por otros. Así de importantes. Generamos pasión y odio a partes iguales. Las flores. Qué bonitas son. Calladas, d...
Más horas de luz para que el vacío de los días dure tanto como una insoportable tarde de agosto. No es mala la intención pero al final todo termina saliendo. Despecho se llama el vino que acabo de abrir. Son las 21:44 y las golondrinas son las dueñas del cielo, no hay estrellas. Hay luz, eso sí. Mucha luz aún. Y también hay ese vacío que habita en las profundidades de las que nos da miedo casi todo. Miedo a perder, a ganar, a estar, a desaparecer, a que no te quieran y a que te quieran mucho también. Noches de despecho y hastío. Hoy no se duerme, lo presiento. Las cicatrices no se secan al sol, apareces con ellas en cada nuevo duelo al amanecer. Las pistolas cargadas, el vacío y los días infinitos. Que no falten horas para que en los huesos se noten los años que llevas culpándote de todo. Ahí, que duela. Que se sientan las heridas de abandono, de no ser suficiente, la autoestima hecha mierda y los dolores de rodilla. Se pierde paciencia con la vejez. Llevo tiempo dándome cuenta. Cada a...
Salió del bar como pudo, tropezando y apartando cuerpos con las manos. Era una de esas noches en las que todo acaba mal, de esas en las que le habría gustado ser otra, cualquiera, y no estar allí. Buscó un callejón donde esconderse, se inclinó y el estómago empezó a contraerse parar vomitar el alcohol y todo lo que no había dicho durante mucho tiempo. Y vomitó. Y allí se quedó todo. La rabia, el dolor y las ganas de ser mejor persona. Creo que alguien me busca. - Joder … No te encontraba ¿Qué haces aquí? Estás hecha un asco.. Te llevo a casa.. - sintió cómo le golpeaban la cara para descuajarla de la embriaguez. - Eh, eh.. ¿Estás bien joder? - Estoy bien, estoy bien.. Es que hace mucho calor ahí dentro. Solo necesito que me de un poco el aire. Otra arcada y el callejón se volvió negro. … Siente caer el agua de una botella por la cabeza. Todo transcurre a cámara lenta. Mira su colgante balanceándose como un péndulo que intenta hipnoti...
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